La Luz Habitada-Palacio de Cibeles-Oficina Principal de correos.

La Luz Habitada-Palacio de Cibeles-Oficina Principal de correos.

 

Texto de Juan Luis LLácer

En la noche hay espacios que se abren con el girar de una puerta, pequeños oasis de luz habitada. Como una sombra anónima has ocupado el lugar que te estaba esperando, has tomado posesión de tu pequeño territorio, desde el que puedes observar el mundo que ya es también tu mundo.

Ves cuerpos que se mueven de una soledad a otra, miradas que se cruzan sin encontrarse, caricias que se dan al aire y palabras que se entrechocan y explotan como burbujas. Formas que se mueven sin abandonar su reposo, insinuaciones y gestos que abren puertas a estancias íntimas fuera del tiempo. Sugerencias que acarician y se van, mostrando el camino en cuya final está el infinito.

Ves cuerpos que se acercan, que se reconocen y se saludan con un abrazo y un beso. Ves los gestos del deseo, aspiras el aroma que desprenden esas palabras que no oyes, te impregnas del sabor de ese alimento que comparten los amantes, y que nadie sirve en tu mesa.

Cuando abandonas la luz habitada te vas con ese gran tesoro dentro de ti, y que ya sientes agitarse en tus entrañas como una familia de criaturas que te piden nacer para no morir.

Caminas solo, pero rodeado por una multitud amiga. Tienes una prisa serena y tranquila por llegar a tu pequeño santuario, donde saldrán a la luz que todos pueden ver las luces que solo tú has visto.

Y esas luces habitadas, colgadas de una pared, son las que vas a tener delante de tus ojos, tú que esto estás leyendo, para que las hagas tuyas, porque nacieron para ti.

Juan Luis Llácer

 

 

 

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